Yahayra Gamarra Palacios
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CARTA A UNA MADRE

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¡Mamá!

¡Mamita!

¡Mami!

Tú que estas en los cielos, en la Santa Gloria con Dios, junto a mis abuelos.

Quiero hacerte saber que va a llegar a ti un ángel a visitarte para entregarte esta carta, que te escribo con mucho cariño.

Me gustaría decirte que, a veces, quisiera ser paloma y poder volar para llegar a verte, para abrazarte, pero, ¡estamos tan separadas!, ¡estamos a una distancia tan grande!

Perdóname si lo que hago es malo, pero es que a veces ¡me siento tan sola!

Voy al cementerio e imploro a tu tumba con estas palabras:

-¡Cementerio! ¡Cementerio! ¡Devuélveme a mi madre! ¡Abre pronto esas rejas! ¡Señor, Dios mío! ¡Que quiero verla, y besarla, y ponerle este ramo de blancas azucenas, que adornarán su altar!

Aunque me hayas dejado con un maravilloso padre, casi tanto como tú, os necesito a los dos. A veces más a ti, a tus consejos, a tus mimos.

Doy gracias a Dios por haberte dejado conmigo por lo menos trece años de mi vida. ¡Maravillosos años!

Ahora que tengo veinticinco, te entiendo. Y si Dios lo quiso así, por algo lo será. Él no hace las cosas por hacer, tú, desde los cielos has visto mi sufrimiento.

¡Hasta ese árbol que querías tanto, desde que te marchaste sus flores se deshojaron!

Tengo lleno de melancolía mi corazón, pero con amor, como me enseñaste, se curó.

Ahora con un fuerte abrazo y un beso al infinito te digo adiós, ¡madre de mi alma!.

Te quiero.

Tu hija.

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