Noemí Cerdán Úbeda
27385594898_9d8c67f520_n.jpg
41373006571_46ed7e159e_m.jpg

MALTRATO

27501865978_63837b618f.jpg

ZAHEREY

Tenía mucho miedo. ¿Qué hacía? ¿Llamaba a la policía?

No, yo no podía hacer eso, yo… lo quería demasiado.

Miles de preguntas surgían en mi cabeza, pero a ninguna sabía responder. Parecía estar completamente cerrada. ¿Por qué me hacía aquello a mí? Nunca lo he entendido y nunca lo entenderé.

De pronto, algo me sacó de mis pensamientos, aquellos que no me dejaban dormir, ni vivir. Alguien abría la puerta. ¡Era él! ¿Qué pasaría ahora? ¡No podía escapar! Seguramente me volvería a pegar. Tenía mucho miedo. ¿Por qué? ¿Por qué? Aquellas palabras no se iban, seguían y seguían repitiéndose en mi mente. Ya estaba frente a mí. Iba acompañado… Llevaba una barra. Sin pensárselo, así, sin más, la alzó y me dio un fuerte golpe en la cabeza. Repitió esa acción varias veces, por todo mi cuerpo, hasta que parecía que no podía más. Pero yo sabía que le quedaban muchísimas fuerzas y que aquello no acabaría ahí. Su aliento olía a alcohol. A saber cuanto bebió. Últimamente las cosas eran así. Él llegaba a casa borracho y lo pagaba todo conmigo. Todo era culpa de aquel empleo que le obligaba a trabajar demasiadas horas. Lo presionaba demasiado. ¡Pero yo no tenia por qué recibir todo aquello por lo que a él le hacían.

Seguía dándome patadas y puñetazos hasta que quedé medio inconsciente. Se detuvo.

Aún recuerdo cuando éramos felices: Teníamos diecisiete años cuando nos casamos, ¡que juventud más hermosa!

Todos aquellos recuerdos…, ¡lo que daría por volver atrás y quedarme allí! Nos compramos un pequeño piso y lo fuimos decorando a nuestro gusto. Con diecinueve años tuvimos a Marc, aquel chico tan bonito. Y me alegro de que haya nacido. Lo quiero mucho.

Los años fueron pasando y el amor se iba apagando poco a poco. Él empezó a beber y a beber. Su trabajo lo volvió loco. Todas las noches cuando regresaba a casa lo pagaba conmigo. Yo no podía más. Alguna vez pensé denunciarle, pero no pude. Lo seguía queriendo.

Los días pasaban y cada vez me pensaba más no haberle denunciado porque también pegaba a nuestro hijo. Tenía demasiadas heridas: una brecha en la cabeza y una mano escayolada. ¡Con tan sólo siete años!

Sabía que Peter no se daría por vencido. Fue directo a la habitación de nuestro hijo. Seguramente le iba a pegar. No podía quedarme allí, parada, como si nada estuviera pasando. Me dolía demasiado el cuerpo. No podía moverme, pero debía hacer un último esfuerzo. Me alcé buscando apoyo en muebles y paredes. Anduve como pude. Agarré un jarrón y me acerqué hasta donde estaba él.

Lo que vi me partió el corazón. ¡No podía creer lo que estaba haciendo! ¡Lo quería estrangular! El niño se agitaba, lloraba e intentaba gritar. Sin pensarlo dos veces alcé el jarrón y se lo estampé en la cabeza. Sabía que no le iba a hacer nada, pero conseguiría desviar su interés por matar a nuestro hijo.

Se dio la vuelta, me agarró del cuello y me arrojó contra la pared.

¿Por qué no pudimos ser una familia normal? No lo entiendo.

Ahora me estaba ahogando. Casi no podía respirar. Moría lentamente. Oí pasos que subían las escaleras agitadamente. Tocaron a la puerta.

Deseaba gritar: ¡SOCORRO! Pero no podía.

-¡Abran a la policía! – decían.

Peter se puso nervioso, pero apretaba más fuerte. ¡Yo quería escapar, lo deseaba con todas mis fuerzas! Marc estaba delante de nosotros, llorando, pidiendo ayuda, pero era demasiado pequeño para abrir la puerta. No llegaba a la cerradura.

La policía se empezaba a impacientar. Gritaban algo como:

- ¡Abran, tiraremos la puerta abajo!

Lo que siguió me dejó aterrorizada. Dejó de apretar mi garganta y de pegarme. Yo caí al suelo agotada. Se dirigió hacia la mesa del salón, abrió un cajón y sacó una pequeña pistola.

¿Cuánto tiempo llevaría ahí? ¡Podía haberme matado cuando hubiese querido! Pero no lo había hecho.

Alzó el arma y, sin pensarlo, se disparó un tiro en la cabeza.

El disparo alarmó a la policía que derrumbó la puerta. Entraron. Me pusieron sobre una camilla. Yo solo deseaba saber que mi hijo estaba bien. Nada más llegar al hospital me desmayé y entré en coma. En pocos días fallecí.

Ahora estoy aquí, en una tumba. La pesadilla se ha acabado. Le deseo muchísima suerte a mi hijo. ¡Por fin podré descansar eternamente!

PETER

41329862332_be4b207015.jpg

Aún me pregunto por qué tenía yo que hacer todo aquello.

Yo sabía que ella no se lo merecía, pero no podía evitarlo. Ese trabajo me presionaba demasiado. ¡No me dejaba vivir! Todas las noches iba a beber a aquel bar. Tomaba nueve o diez cervezas, hasta llegar al punto en que no sabía qué hacía ni donde estaba. Después llegaba a casa y le pegaba a ella.

No quería hacerlo, ¡de verdad!, pero sentía necesitaba desahogarme. Día tras día seguía haciendo lo mismo, hasta que ella no tenía más sitio en su cuerpo que no estuviera marcado.

Una noche quedé con un chaval que me vendió un arma. Cuando estuviera harto de esta vida que no soportaba, me suicidaría. ¡Una locura!, ya lo sé, pero era la única salida que veía. Aquello no terminó allí.

La noche siguiente volví a beber demasiado. Llegué a casa, la veía asustada. No quería hacerlo, pero una voz me decía que lo hiciera. Y yo…, lo hice.

Me puse a pegarle con aquella barra que cogí de la calle. Golpeé. Empecé por la cabeza y continué por todo el cuerpo. Cuando quedó en el suelo medio inconsciente fui a buscar a mi hijo.

Yo lo quería muchísimo, pero la voz me decía que lo hiciera…, y lo hice.

Intenté estrangularlo. Ya casi no le quedaba aliento al pobre chiquillo. Recibí un fuerte golpe en la cabeza. ¡Zaherey me había pegado con un jarrón!

Me di la vuelta y la así del cuello. La empujé contra la pared y apreté. Ya quedaba poco cuando escuché a los policías. Me puse muy nervioso. Pensé que aquel era mi momento. La solté y fui a coger a mi pistola.

Me disparé un tiro. Al fin ha terminado esta vida de sufrimiento, pero me siento muy culpable por haber involucrado a mi mujer y a mi hijo.

Sé que nunca descansaré en paz.


Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License