María en la costa
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Carlos Veneruso


Trece años en el momento de redactar esta página


Soy María. Os voy a contar una cosa muy curiosa.

Un día paseaba por la costa de Almería en un lugar donde en el atardecer se escucha serenamente el cantar de las gaviotas.

Aquí vengo cuando me siento sola. Es un lugar solitario de no ser por las lindas gaviotas de blancas plumas y el sonoro ruido de las olas. Es muy agradable.

!Lo admito, me siento sola porque soy muy pija y engreída!!

Vengo tanto, que las gaviotas ya me conocen. Entre ellas hay una muy extraña. Cuando se acercan para que les dé unas migajas de pan, ella espera y, solo cuando todas se marchan, ella viene. Tiene una pluma dorada en la cabeza y otra en la cola.

Un día decidí llevármela a casa, ya que tenía mucha confianza. Una vez allí, empezó a ponerse nerviosa porque mi gato Lucas se la quería comer.

Nos fuimos a mi tienda de campaña, en el jardín, y nos dormimos. Pero, a la mañana siguiente,. !!! NO ESTABA!!! Solo quedaba de ella la larga pluma dorada de la cola y la pequeña de su cabecita.

¡Había sido mi gato Lucas! Me dió mucha pena, pero es cosa del instinto animal.

Desde aquel día tengo las plumas enmarcadas en un cuadro en el que, debajo, he escrito: "La gaviota de la suerte". Y desde entonces tengo amigos, pero no la tengo a ella.

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