La valiente policía
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Francisco Ramos Muñoz


Doce años en el momento de redactar esta página


Era un día como otro cualquiera, ni muy frío ni muy caluroso, perfecto para hacer la ronda por la calle. Mi amiga Robby y yo acabábamos de entrar en el cuerpo de policía y andábamos un poco despistados.

Cuando nos mandaron a esa comisaría a trabajar no me extrañó la cara de Robby, pues por allí circulaba el rumor de que iban unos ladrones a atracar un banco de ese barrio.

Cruzábamos un semáforo cuando escuchamos un grito agudo de socorro. ¡Era un vendedor de perritos calientes que había sido tomado como rehén en el atraco de un banco!

Corrimos a toda prisa hacia ese lugar y encontramos a una multitud frente a la entrada del banco, asustada. No identificamos como policías y todo se fue calmando.

Preguntamos cómo había sucedido todo. Un mendigo nos comentó que unos tipos encapuchados entraron armados y obligaron a la cajera a introducir todo el dinero en una bolsa de deporte.

Quise pedir refuerzos, pero Robby me lo impidió. Eso, según ella, empeoraría las cosas. Le hice caso y me quedé quieto. Ella corrió hacia la puerta trasera. Yo le advertí de que corría un grave peligro, pero no pareció importarle.

No sé cómo lo hizo, pero consiguió entrar y sorprender a los atracadores a los que obligó a entregar sus armas. Los condujo a comisaría y los encerró en una celda.

Por su valentía, el cuerpo de policía le entregó la medalla al mérito y fue un digno ejemplo a seguir para sus compañeros.

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