La casa de la playa
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Ana María Enrique Manzano


Trece años en el momento de redactar esta página


Desde el balcón de mi casa se ve el mar, tan tranquilo, en calma el aire que se respira…

Mi casa de la playa es la mejor casa de todas las que tengo. Es tranquila y agradable. Todas las tardes me gusta salir a dar un paseo por la arena caliente y suave.

Hace unos días se puso en venta la casa del al lado y estoy impaciente por ver a los nuevos vecinos que vendrán a vivir a ella. Me han dicho los de la inmobiliaria de la esquina que parece ser un matrimonio con dos hijos y una mascota. ¡Y que se mudarán el viernes de esta misma semana!

Iré a decírselo a mi madre. Le haremos un pastel de bienvenida. El pastel será de…, ¡mermelada de fresa con nata montada y nueces! ¡Mmm! ¡Se me hace la boca agua!

Ya es viernes por la mañana. ¡Estoy tan impaciente que no sabría qué hacer! ¡Hasta me desperté a las siete de la mañana! ¡Y ellos venían a las once!

Desayuné y subí corriendo a mi habitación para cambiarme. A las diez levanté a mi padre y a mi madre. Todos estuvimos listos sólo cinco minutos antes de la hora prevista para la llegada de mis nuevos vecinos. Salimos a la puerta a esperarlos. Al cabo de un rato:

- ¡Mirad, son ellos! ¡Ese camión es de mudanzas!

Y sí, eran ellos. Cuando bajaron del coche los saludamos y le dimos el pastel. Eran muy simpáticos. El padre se llamaba Antonio, su mujer Carmela. Los niños eran una chica, Sonia, y un chico, Sergio. Su mascota era un perro al que llamaban Willy. Nos invitaron a tomar el pastel con ellos.

Al día siguiente comenzaron a montar la casa y nosotros les ayudamos. Sonia, Sergio y yo, fuimos a pasear por la playa. Me contaron que eran gemelos y tenían la misma edad que yo, doce años recién cumplidos hacía tres días. Me hablaron de muchas cosa de su antigua casa del pueblo, pero decían que ésta le gustaba más.

Tomamos la costumbre de salir todos los días a dar una vuelta por la arena. También soliamos bañarnos juntos. Un día, con nuestras toallas y bikinis, llegamos a la playa. El agua estaba en calma, limpia y reluciente. Sergio decidió irse a hablar por teléfono con sus antiguos amigos para decirles que estaban todos muy bien y nosotras intentábamos coger aquellos peces tan relucientes y diminutos tan difíciles de agarrar. ¡Qué manera de correr!. Ya se escondía el sol cuando regresamos a casa.

Al llegar pregunté:

-¿Qué vamos a cenar?

Mi padre respondió:

-Lenguado a la plancha. Los acabamos de pescar Antonio y yo. ¡Son fresquísimos!

-¡Que bueno!

Nos cambiamos de ropa en nuestras habitaciones. Luego nos entretuvimos con Sergio en el ordenador y chateamos con mis amigos y con los suyosl. Más tarde, cenamos todos juntos en mi casa y nos hartamos de comer.

Nuestros padres decidieron ir a la plaza del pueblo donde había un baile todas las noches. ¡La gente tenía una marcha imparable, sobre todo los jóvenes!

Transcurrido un año, comprendí que me había enamorado de Sergio, y se lo dije a su hermana. Ella me prometió guardar el secreto, y lo cumplió, hasta que ya no pude ocultar más mis sentimientos y le conté todo lo que sentía por él. El confesó que sentía lo mismo por mí. Desde entonces salimos juntos. ¡Y nos casamos! ¡Y tuvimos a nuestro hijo Juan!

¡Somos una familia feliz para siempre!

ESTA ES LA HISTORIA DE MARÍA DESDE LOS DOCE AÑOS HASTA LOS VEINTITRÉS QUE TIENE AHORA.

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